Discriminación no religiosa hacia las mujeres magrebies

El desconocimiento.

La sociedad occidental –aquella que se autodenomina ‘desarrollada’ por formar parte del ‘Primer Mundo’- percibe a la mujer musulmana -como si en ningún caso estuviera presente en ‘Occidente’-, como un sujeto pasivo, reprimido, impensante. La mujer islámica se convierte en el imaginario colectivo en una víctima de la religión y, el Islam, en la institución que perpetúa la discriminación hacia las mujeres.

Cultura y religión se superponen, por lo que los principios y prácticas de la una se asimilan, por ignorancia, a la otra. En la evolución histórico-política de los países árabes hay quienes han querido encontrar –o quienes sólo han visto – la evolución de la confesión mahometana. Lo árabe y lo musulmán se confunde. La convicción religiosa o ‘sumisión a Dios’ se traduce por ‘sumisión al hombre’ (padre, hermano, esposo, etc.) Los signos políticos –especialmente los nacionalistas- resultan finalmente religiosos, y viceversa.

Es en este contexto de desconocimiento, en el que se olvida la posición política y social de muchas mujeres magrebíes desde la conquista árabe (siglo VII), la lucha femenina durante la colonización por la independencia de sus respectivos países…, y más recientemente, los movimientos feministas y de liberación de la mujer por la igualdad de oportunidades y derechos ante la ley.

La auténtica discriminación.

Es justamente en la legislación donde comienza la auténtica discriminación hacia la mujer magrebí, ya que si bien las Constituciones recogen la igualdad de derechos entre ciudadanos, independientemente de su sexo, la realidad cotidiana es muy diferente: existen normas específicas referidas al parentesco que elevan a categoría de leyes las prácticas socioculturales propias de una sociedad patriarcal y patrilineal. El desarrollo de una legislación que promueva la igualdad se supedita a los Códigos de Familia o de Estatuto Personal, basados en la ley islámica y a su interpretación más o menos progresista por los hombres que ostentan el poder. Muchos movimientos femeninos reivindican precisamente la modificación o supresión de dichos códigos.

La exclusión de la mujer continúa en el acceso a la educación. Es significativo el caso de Marruecos: si el 65,7% de los hombres están alfabetizados, en el caso de las mujeres no llega al 40%. En Argelia, Libia y Túnez el porcentaje de hombres que saben leer y escribir es casi un 20% superior que el de las mujeres. Según aumenta el nivel educativo y formativo, esta desigualdad es aún mayor.

Las tasas de desempleo femenino en el Magreb son unas de las más altas del Mundo (sólo trabajan 2 de cada 10 mujeres en edad activa), como también lo es la fragmentación por género del mercado laboral (35 mujeres por cada 100 hombres económicamente activos). Esta situación deriva de la escasa formación femenina y puede ser matizada al no tener en cuenta el trabajo doméstico.

Finalmente, los bajos niveles de desarrollo humano en la región del Magreb (Argelia, Libia, Marruecos, Mauritania, Túnez) fomentan la feminización de la pobreza: son las mujeres las primeras víctimas de la pobreza y, consecuentemente, las que sufren las mayores restricciones en el acceso a la sanidad, vivienda, educación, renta… la única salida que ven muchas mujeres a tal situación son las migraciones, regulares o irregulares, en este último caso víctimas de explotación y nuevos tipos de discriminación.

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Assia Djebar

La autora de “Lejos de Medina” ha recibido el Premio de la Paz del 2000, que concede la Asociación de Libreros alemanes, un galardón que honra «su contribución a una nueva toma de conciencia de las mujeres en el mundo árabe» Djebar también destacó el aporte que hicieron los moriscos españoles, tras su expulsión de al península, a la cultura islámica en el Magreb y puso como ejemplo el pueblo cerca de Argel donde vivió.

La escritora argelina Assia Djebar reivindicó el Islam como referencia cultural y religiosa que ahora los fundamentalistas distorsionan y los medios occidentales desvirtúan con estereotipos.

«La visión que se suele dar del Islam es esquemática y parece ser que el desconocimiento aumenta de manera directamente proporcional a la velocidad con que llegan las afirmaciones», afirmó la escritora en tono bastante apasionado.

En su intervención ante la prensa internacional, Assia Djebar recordó a las mujeres que desde 1920 comenzaron a trabajar en favor de los derechos de sus conciudadanas en los países islámicos.

En uno de sus libros más importantes, “Lejos de Medina”, Assia Djebar procura precisamente retornar a las fuentes de la religión musulmana para mostrar que la opresión de la mujer es algo que no está en el origen de la doctrina.

La autora de “Lejos de Medina” ha recibido el Premio de la Paz del 2000, que concede la Asociación de Libreros alemanes, un galardón que honra «su contribución a una nueva toma de conciencia de las mujeres en el mundo árabe» y que han obtenido en ocasiones anteriores personalidades como Jorge Semprún, Martin Walser y Amos Oz.

A la autora le sorprende todavía cómo los medios occidentales son cada vez más ignorantes de la cultura islámica. «Siempre comienzan preguntándome qué me parece el chador y no distinguen entre la utilización política de las tradiciones y el sentido de las propias costumbres».

«Son los países enriquecidos con el petróleo los que han fomentado la segregación de las mujeres en el mundo islámico, y no el Islam el que en su seno margine a la mujer», prosiguió su explicación.

«Lo que quiero mostrar es que en las fuentes del Islam hay una idea de la dignidad de la mujer que después de perdió», aseguró la escritora argelina.

El apodo literario de esta escritora argelina juega con las palabras en árabe salvadora e irreconciliable, por su voluntad de aunar la condición femenina con una reivindicación del espíritu más puro del Islam.

El fundamentalismo

Según la autora de La sed y los impacientes, otra idea muy arraigada en Occidente es que el fundamentalismo argelino cobró vigor en los años 80 y 90 gracias al apoyo en el campo, cuando en realidad fueron los estudiantes universitarios en lengua árabe quienes sirvieron como caldo de cultivo del integrismo más radical.

La falta de contacto con otras lenguas y otras culturas, según Djebar, ha sido un campo fértil para el fundamentalismo que, dice, «no florece sólo en las zonas pobres sino también en las universidades».

En sus obras, la escritora ha tratado de combatir esa imagen y, a la vez, de hacer frente al fundamentalismo musulmán desde el interior de la tradición islámica.

«La violencia subterránea comenzó a aflorar poco a poco en Argelia hasta que se me hizo insoportable seguir viviendo en mi país», dijo la novelista, que ha escrito toda su obra en francés.

Con residencia fija en París, Assia Djebar pasó mucho tiempo a caballo entre Argelia y Francia hasta que finalmente optó por dejar sus reivindicaciones reducidas al espacio de su obra.

Djebar, nacida en 1936, sólo volvió a Argelia tras la muerte de su padre, quien gracias a su empeño por que su hija siguiera estudiando le facilitó el camino de la libertad. Fue la primera mujer argelina admitida en la Escuela Normal Superior de París.

Aporte de los moriscos españoles al Islam

Djebar también destacó el aporte que hicieron los moriscos españoles, tras su expulsión de al península, a la cultura islámica en el Magreb y puso como ejemplo el pueblo cerca de Argel donde vivió.

«Muchos moriscos expulsados de España se refugiaron en mi pueblo y aportaron su música y su cultura muy refinada. Me siento muy orgullosa de haber heredado esa cultura antigua», señaló Djebar, para quien esa cultura se prolongó a través de los siglos y de ella participaron también muchas mujeres que, sin embargo, en la época colonial eran consideradas analfabetas por no hablar francés. «Muchas mujeres escribían poesía en árabe clásico o hacían música pero sin embargo eran vistas como analfabetas por no hablar francés», aseguró.

Estereotipos sobre el mundo musulman

Cuando en Occidente se habla de la supuesta discriminación de las mujeres magrebíes se da por sentado que su religión es el origen de sus males, en vez de buscar las causas en la política de los Estados correspondientes y la herencia sociocultural patriarcal de sus sociedades. Para entender esa percepción es importante situarla en el marco general de los estereotipos sobre el mundo islámico, sondeando su procedencia en antecedentes históricos y políticos. Al fin y al cabo, la hostilidad y xenofobia exhibidos actualmente hacia los musulmanes encuentran parte de su alimento en rancios tópicos sobre el Islam.

En España, los periodistas, la intelligentsia en general, e incluso algunos científicos sociales, incurren fácilmente en el etnocentrismo en cuanto aluden a la situación de las musulmanas. Una característica importante de esa perspectiva es la asunción como axioma de una diferencia entre Oriente y Occidente, oponiendo la racionalidad de «nosotros» a la irracionalidad de «ellos», y «nuestro» desarrollo con «su» subdesarrollo, con lo que se reafirma la propia identidad entendida como superior. Una gran parte de los periodistas continúa viendo a estas mujeres como víctimas dependientes en un estado de semiesclavitud, culpando de ello a la religión musulmana.

Los medios de comunicación propagan imágenes deformadas y estereotipadas sobre el velo, la clitoridectomía y la violencia política en países musulmanes; en una economía del discurso que ha medrado aún más con la violencia que desarrollan algunos miembros de los movimientos integristas islámicos. La discriminación de las afganas y el secuestro y asesinato de algunas argelinas llegan a la opinión pública de manera distorsionada y amplificada. Naturalmente, estas imágenes despiertan sentimientos de sospecha, recelo y temor, al tiempo que refuerzan juicios previos sobre los musulmanes como violentos, agresivos y misóginos.

Los estereotipos occidentales sobre las sociedades musulmanas como misóginas, fanáticas, irracionales y violentas no son nuevos. El Islam era (y sigue siendo) visto como una amenaza para la moral cristiana. Según Robinsón (1990: 16), entre los siglos XII y XVIII, la Iglesia hizo hincapié en un ataque a Mahoma. Su vida se convirtió en el centro de atención para tratar de demostrar que era un falso profeta y la irracionalidad y la agresividad de la religión musulmana. Entre otros cargos, le acusaban de inmoralidad por aconsejar a su pueblo que gozase de su sexualidad (aunque esta recomendación se sitúa dentro del matrimonio).

En la visión etnocéntrica se manifiesta un miedo a lo distinto, percibido como extraño y peligroso. En el terreno de la sexualidad, el discurso cristiano hegemónico ve a su religión como verdadera y a la del otro como equivocada e inmoral. Al mismo tiempo que el Islam legitima la poligamia y el matrimonio entre primos de primer grado, el cristianismo prohíbe la primera y desaconsejaba hasta hace poco el segundo, que requería del consentimiento de las autoridades religiosas

La mujer en el Magreb

La Mujer en el Magreb

Rashida Carrom

Hablar de la situación de la mujer musulmana en general, o de la mujer Tamaçijt (Bereber) en particular, nos sitúa en el resbaladizo terreno de los tópicos. Los seres humanos tenemos una facultad especial, la capacidad paro producir mitos, creer en ellos y hacer que otros lo crean. Por ello, parece prudente someter a análisis crítico toda creencia que tengamos relativa a la situación de la mujer en el Magreb, por extendida que esté, si es que realmente queremos percibir con seriedad y honestidad los verdaderos problemas con los que se enfrenta la mujer en el Norte de África.

Se suele plantear la cuestión a base de ideas preconcebidas, prejuicios, juicios de valor, obsesiones que ambientan la discusión, incitan a la polémica, pero que en ningún caso enfocan el tema desde una perspectiva amplia. Hay un especial gusto por recurrir a tópicos manidos, a repetir siempre la misma imagen que retrata una sociedad terrible para la mujer, sometida cruelmente a un déspota carente de todo sentimiento. Todo discurso occidental acerca de la mujer magrebí destaca desde el principio este cliché; para justificarlo se citan continuamente los estereotipos que ya tenemos mas que asumidos: el moro es machista, insensible, autoritario, patriarcal, terriblemente celoso e injusto, cruel… a su lado hay una mujer reprimida, invisible, atormentada, siempre a la espera de ser rescatada por Occidente.

Las películas americanas, uno de los elementos mas influyentes en nuestra cotidianidad, lo queramos o no, no han dejado de difundir esta imagen tópica, incluso cayendo en estupideces que sin embargo recogemos sin el menor sentido critico. No hace mucho, en una de esas fantásticas películas, un supuesto príncipe árabe decía a su interlocutor, un diplomático occidental: “… nosotros no tenemos ninguna palabra en árabe para designar a los niños”. Lo dijo y se quedó tan pancho: barbaridades de este tipo abundan hasta la saciedad. En cualquier caso, el estereotipo esta más que asumido por todos nosotros.

Además, el turista que llega a un país del norte de África no encuentra más que corroboración a lo que ya tiene claro: se alarma cuando no descubre mujeres en los bares, discotecas o cines, cuando pasan junto a él misteriosamente envueltas en sus velos… Todo ello le confirma la invisibilidad de las mujeres, su carencia de protagonismo en la sociedad, su marginación mas absoluta Simplemente nuestro turista no se ha dado cuenta de que no esta en Europa. No sospecha que pueda haber mundos distintos al suyo, en el que existan otros valores, mundos con otra historia, con otras prioridades, con otro tipo de relaciones entre los seres humanos.

Si querernos comenzar a situar la cuestión en su marco tenemos que empezar a tener en cuenta elementos a los que muy pocas veces se aluden. El Magreb empieza a ser ocupada de modo sistemático por los europeos a lo largo de los dos últimos siglos. Argelia primero y después Marruecos y Túnez son colonizados principalmente por Francia y en menor medida por el Estado español. El encuentro entre ambos mundos es traumático: mientras los hombres caían en los frentes de batalla, las mujeres del Magreb veían cómo cambiaba la situación del país. La dominación colonial produce drásticas mutaciones, pero no nos consta que jamás se haya analizado con profundidad la situación a la que condenó el colonialismo a la mujer.

La mujer magrebí se asomó al mundo occidental como prostituta o criada. En las ciudades dominadas por las fuerzas de ocupación, las autoridades militares francesas y españolas, a la vez que reclutaban campesinos para los ejércitos regulares, compraban los servicios de mujeres a las que la guerra había desprotegido totalmente: viudas, huérfanas, mujeres de condición muy humilde, las que carecían de recursos, pasaron a formar parte de una servidumbre que hacía mas soportable la vida a los aguerridos legionarios extranjeros. Son esas las primeras experiencias occidentales de la mujer magrebí. La humillación engendró un intenso complejo de inferioridad.

La arrogancia con la que se presenta el extranjero en las tierras del Magreb, la fuerza de sus armas, su magnifica organización jerárquica, su política sibilina del “divide y vencerás” quebró del todo las estructuras tradicionales, la economía basada en el intercambio, el sistema educativo articulado en torno a la descentralización más absoluta, dislocó el sistema político tribal que garantizaba la independencia de los individuos dentro del marco autónomo de su geografía.

Todo esto lo desmontó el colonialismo, sometiendo a la población indígena a una administración fuertemente centralizada, a una aculturización basada en la admiración incondicionada de la civilización occidental, en la que se marginaban la historia y los valores del pueblo sometido.

Conforme las estructuras coloniales se iban consolidando y de la situación de guerra se pasaba a la explotación organizada de los territorios ocupados, iban apareciendo planes de desarrollo que se inspiraban exclusivamente en modelos occidentales y que ofrecían a la opinión pública de sus metrópolis la justificación de sus atropellos bajo el disfraz de una labor civilizadora.

Todo un cuerpo de intelectuales producirán una literatura que ensalza los logros de la administración semimilitar, semicivil de los países del Magreb.

Se acude a los mitos, se pasa del término Colonia al de Protectorado para subrayar el carácter civilizador de la dominación. ¿De qué se protege a los magrebíes?: de sí mismos, de su barbarie, de su retraso con respecto al tren europeo, modelo a imitar por el mundo de la incivilización y el paganismo.

Cuando se repasa esa bibliografía colonial, su ingenuidad nos puede hacer sonreír pero son el espejo de una mentalidad que hizo terribles estragos en su momento. En uno de esos informes, ya de época franquista, se describe la promoción cultural de las niñas rifeñas en el marco de las escuelas nacional-católicas del momento. El ideal de mujer rifeña, aunque colonizada, era el mismo que el de las mujeres de la Sección Femenina de la época. Se deseaba estimular en ellas el amor a la familia, la religiosidad, el sometimiento al pater familia, así como se le daban clases de labores y gastronomía.

No podemos pasar por alto lo de la gastronomía: a parte de hacer paellas y gazpachos no se sabe que podían enseñar a las rifeñas, entre las que el arte culinario está mas que desarrollado. Se las uniformaba al modo de las falangistas y se les comunicaba todas las consignas del régimen. Esas pocas mujeres de Tánger, Tetuán, Larache y Alhucemas, que habían gozado del privilegio de acercarse a los aledaños de Occidente, eran el ejemplo que se proponía a las demás que todavía estaban ancladas en prácticas primitivas, que se negaban a amoldarse a los imperativos del momento, culminado en Occidente.

El tiempo ha pasado, las cosas han cambiado, la mentalidad es distinta y el modelo que se propone a los musulmanes es otro. La modernidad es irresistible, pero en el fondo, de lo que se trata es de lo mismo: estamos tan convencidos de nuestros patrones como lo estuvieron en su momento las mujeres de la Sección Femenina. Si la mujer magrebí es invisible, lo es para el mundo occidental. Nos negamos a ver a esa mujer porque simplemente queremos otra. Los verdaderos problemas de la mujer magrebí no nos interesan: sólo nos interesa que esté en los cines, en los bares, que cuide su cuerpo hasta estilizarlo según nuestros patrones de belleza, que vista según la última moda.

No se trata esto de superficialidad en el análisis; al menos así es vivenciado el problema entre las mujeres magrebíes a las que llega el mensaje europeo.

La problematización de las mujeres magrebíes desde Europa: ¿La cuestión femenina? Yolanda Aixelà Conservadora del Museu Etnològic de Barcelona

Es ya habitual que al abordar la realidad cotidiana de las mujeres magrebíes musulmanas, muchos especialistas, pero también buena parte de los medios de comunicación e incluso estructuras políticas europeas, resuman su situación bajo el título “la cuestión femenina”. Siempre que a Occidente no le interesa explicar la situación de ciertos colectivos sociales contextualizada en un espacio y período histórico concreto, utiliza el término “cuestión” como reflejo de una realidad que debe permanecer opaca. Buenos ejemplos son también “la cuestión del Sahara” o “la cuestión Palestina”. El enunciado “la cuestión femenina” enunciada en el mundo árabe mediterráneo se remonta a los primeros viajeros-exploradores del siglo XVIII si bien que tuvo una categorización concreta entre los agentes coloniales que Francia envió a Argelia a finales del siglo XIX y que formaban parte de la escuela de la Sociología Jurídica Francesa. De la última, investigadores como C. Sabatier (1883) y M. E. Mercier (1895), e incluso, algo más tarde, como M. Morand (1910) utilizarían un tono de denuncia para explicar la situación de la mujer argelina, proponiendo como solución para su mejora la asimilación del modelo francés. Para ellos, las mujeres eran el “facteur de retard” de Argelia. Estos autores son los que defendieron que el grado de civilización de las culturas podía medirse por el trato que éstas deparaban a sus mujeres. Esta perspectiva evolucionista, profundamente engañosa, fue la que las propias potencias coloniales harían suya para intervenir en las sociedades magrebíes. A los europeos ni les interesaba entonces, ni ahora, que las mujeres magrebíes sufrieran menos maltratos maritales que las europeas y que tuvieran derechos que para algunas de estas europeas eran para la época impensables (derecho a herencia, derecho a dote, derecho a independencia patrimonial, derecho a ser mantenidas, etc.). A Europa sólo le interesaba destacar que, puesto que las mujeres magrebíes utilizaban el velo, ése era el símbolo de un encierro sometido desde las estructuras patriarcales magrebíes: que debiesen vestir esa prenda era el factor inequívoco de que en las sociedades árabo-musulmanas (los bereberes, claro, ni se mencionaban) las mujeres estaban sometidas y subordinadas a los hombres. Es más, para Occidente, ésa era la prueba de que se trataba de sociedades “atrasadas”, atraso en el que el Islam jugaba un papel determinante. Ahora bien ¿en qué momento histórico las mujeres magrebíes pasan a ser el eje que puede transformar las sociedades musulmanas? ¿Por qué siempre se visualiza la “modernidad” de estos países a través de una fotografía de una mujer velada o desvelada? ¿Hasta cuándo prevalece esa perspectiva que culpabiliza al Islam? La percepción, tanto propia como ajena, de que la especificidad y continuidad de la pureza del Islam descansaba en su colectivo femenino, toma fuerza en las primeras décadas del siglo XX, momento en que los colonizadores siguiendo la máxima de algunos de sus agentes, inician, sobre todo en Argelia, una serie de políticas que van a tener como objetivo beneficiar a las mujeres y soliviantarlas contra el orden establecido. F. Fanon nos relata esta realidad con suma exactitud: “primero se intenta el abordaje de las mujeres indigentes y hambrientas. A cada kilo de sémola distribuida, se añade una dosis de indignación contra el velo y el encierro. A la indignación siguen los consejos prácticos. Se invita a las mujeres argelinas a jugar “un papel fundamental, capital” en la transformación de su destino. Se las incita a rechazar una sujeción secular y se describe el papel inmenso que están llamadas a desempeñar. La administración colonial invierte sumas importantes en este combate” . Para entonces, las propias sociedades ocupadas habían decidido también hacer prevalecer su especificidad a través del uso del velo: era cierto que los hombres habían sido derrotados, pero las mujeres resistirían. Fanon añade al respecto “a la ofensiva colonialista sobre el velo, el colonizado opone el culto al velo. Lo que era un elemento indiferenciado en un conjunto homogeneo, adquiere un caracter de tabú; la actitud de las argelinas frente al velo se interpreta como una actitud global frente a la ocupación del extranjero” . De esta manera, las mujeres pasan a ser el centro de las miradas no sólo de europeos, sino también de magrebíes. Al tiempo que los propios colonizadores intentaban a toda costa desvelar a las mujeres, los magrebíes enarbolan a sus mujeres como las verdaderas guardianas de la identidad colectiva. Es en este preciso momento cuando se deposita sobre ellas la responsabilidad de salvaguardar la especificidad de las culturas musulmanas. Como bien relata J. Berque ellas representaban “una tropa de reserva de la nacionalidad” , pensamiento que defenderían los propios nacionalistas como el marroquí Allal al-Fasi y que sería posteriormente recuperado por los movimientos islamistas radicales y también por los feminismos islamizantes. Se acababa de responsabilizar injustamente a las mujeres de la continuidad de la sociedad musulmana, interpretación que tanto para magrebíes como para europeos aún persiste en la actualidad. Esa percepción de que las transformaciones en el estatus femenino implican necesariamente la disolución de la sociedad musulmana, es la que está impidiendo que los cambios que introduce su incorporación al mundo laboral y los cada vez más elevados índices de escolarización, se traduzcan en una transformación legislativa de los diferentes códigos de familia que rigen en estos países (Madjala tunecina, Mudawwana marroquí…): se cree firmemente en ese rol especial que las mujeres juegan en la construcción de la “modernidad” del Estado-nación magrebí postcolonial. Ello significa que su género continúa estando ligado al parentesco siendo legitimado por la propia esfera jurídica árabo-islámica . En cualquier caso, y para terminar, poner de manifiesto la existencia de una doble apropiación del velo, y por extensión del colectivo femenino, por parte de las estructuras políticas magrebíes y por las europeas, muy al margen de las razones por las que éstas lo vistan. Desde el Magreb, las mujeres veladas están siendo instrumentalizadas para dar una apariencia de tradicionalismo a una sociedad que ya ha cambiado. En esa línea tenemos el interesante estudio de M. Kasriel , en un trabajo desarrollado en una comunidad del Atlas beréber marroquí, en el que propone que el vestido y la organización social funcionan como dos sistemas superpuestos, el primero en tanto que visualización del segundo. Desde Europa también se han reapropiado del velo ya que la mujer velada favorece la reafirmación de la supuesta “modernidad” occidental: éstos van a interpretar esta prenda como la manera en que el Islam trata a sus mujeres, recuperando así la propuesta inicial de los exploradores y viajeros según la cual el grado de civilización de las culturas se medía por el trato que deparaba a sus mujeres. Y es que Europa prefiere mantener la opacidad de la realidad cotidiana de este colectivo magrebí hablando de la “cuestión femenina” para no tener que explicar que el velo hoy no sólo es símbolo de encierro sino también de liberación, sobre todo para un sector mayoritario de la población, perteneciente a los estratos más desprotegidos y desfavorecidos de la sociedad, que ha ocupado un espacio público que no les correspondía para trabajar, manifestarse y, en definitiva, hacer oír su voz.

Fuente: http://revista.mugak.eu/articulos/show/58

LA PROBLEMATIZACIÓN DE LAS MUJERES MAGREBÍES DESDE EUROPA: ¿LA CUESTIÓN FEMENINA? Yolanda Aixelà Conservadora del Museu Etnològic de Barcelona

Es ya habitual que al abordar la realidad cotidiana de las mujeres magrebíes musulmanas, muchos especialistas, pero también buena parte de los medios de comunicación e incluso estructuras políticas europeas, resuman su situación bajo el título “la cuestión femenina”. Siempre que a Occidente no le interesa explicar la situación de ciertos colectivos sociales contextualizada en un espacio y período histórico concreto, utiliza el término “cuestión” como reflejo de una realidad que debe permanecer opaca. Buenos ejemplos son también “la cuestión del Sahara” o “la cuestión Palestina”. El enunciado “la cuestión femenina” enunciada en el mundo árabe mediterráneo se remonta a los primeros viajeros-exploradores del siglo XVIII si bien que tuvo una categorización concreta entre los agentes coloniales que Francia envió a Argelia a finales del siglo XIX y que formaban parte de la escuela de la Sociología Jurídica Francesa. De la última, investigadores como C. Sabatier (1883) y M. E. Mercier (1895), e incluso, algo más tarde, como M. Morand (1910) utilizarían un tono de denuncia para explicar la situación de la mujer argelina, proponiendo como solución para su mejora la asimilación del modelo francés. Para ellos, las mujeres eran el “facteur de retard” de Argelia. Estos autores son los que defendieron que el grado de civilización de las culturas podía medirse por el trato que éstas deparaban a sus mujeres. Esta perspectiva evolucionista, profundamente engañosa, fue la que las propias potencias coloniales harían suya para intervenir en las sociedades magrebíes. A los europeos ni les interesaba entonces, ni ahora, que las mujeres magrebíes sufrieran menos maltratos maritales que las europeas y que tuvieran derechos que para algunas de estas europeas eran para la época impensables (derecho a herencia, derecho a dote, derecho a independencia patrimonial, derecho a ser mantenidas, etc.). A Europa sólo le interesaba destacar que, puesto que las mujeres magrebíes utilizaban el velo, ése era el símbolo de un encierro sometido desde las estructuras patriarcales magrebíes: que debiesen vestir esa prenda era el factor inequívoco de que en las sociedades árabo-musulmanas (los bereberes, claro, ni se mencionaban) las mujeres estaban sometidas y subordinadas a los hombres. Es más, para Occidente, ésa era la prueba de que se trataba de sociedades “atrasadas”, atraso en el que el Islam jugaba un papel determinante. Ahora bien ¿en qué momento histórico las mujeres magrebíes pasan a ser el eje que puede transformar las sociedades musulmanas? ¿Por qué siempre se visualiza la “modernidad” de estos países a través de una fotografía de una mujer velada o desvelada? ¿Hasta cuándo prevalece esa perspectiva que culpabiliza al Islam? La percepción, tanto propia como ajena, de que la especificidad y continuidad de la pureza del Islam descansaba en su colectivo femenino, toma fuerza en las primeras décadas del siglo XX, momento en que los colonizadores siguiendo la máxima de algunos de sus agentes, inician, sobre todo en Argelia, una serie de políticas que van a tener como objetivo beneficiar a las mujeres y soliviantarlas contra el orden establecido. F. Fanon nos relata esta realidad con suma exactitud: “primero se intenta el abordaje de las mujeres indigentes y hambrientas. A cada kilo de sémola distribuida, se añade una dosis de indignación contra el velo y el encierro. A la indignación siguen los consejos prácticos. Se invita a las mujeres argelinas a jugar “un papel fundamental, capital” en la transformación de su destino. Se las incita a rechazar una sujeción secular y se describe el papel inmenso que están llamadas a desempeñar. La administración colonial invierte sumas importantes en este combate” . Para entonces, las propias sociedades ocupadas habían decidido también hacer prevalecer su especificidad a través del uso del velo: era cierto que los hombres habían sido derrotados, pero las mujeres resistirían. Fanon añade al respecto “a la ofensiva colonialista sobre el velo, el colonizado opone el culto al velo. Lo que era un elemento indiferenciado en un conjunto homogeneo, adquiere un caracter de tabú; la actitud de las argelinas frente al velo se interpreta como una actitud global frente a la ocupación del extranjero” . De esta manera, las mujeres pasan a ser el centro de las miradas no sólo de europeos, sino también de magrebíes. Al tiempo que los propios colonizadores intentaban a toda costa desvelar a las mujeres, los magrebíes enarbolan a sus mujeres como las verdaderas guardianas de la identidad colectiva. Es en este preciso momento cuando se deposita sobre ellas la responsabilidad de salvaguardar la especificidad de las culturas musulmanas. Como bien relata J. Berque ellas representaban “una tropa de reserva de la nacionalidad” , pensamiento que defenderían los propios nacionalistas como el marroquí Allal al-Fasi y que sería posteriormente recuperado por los movimientos islamistas radicales y también por los feminismos islamizantes. Se acababa de responsabilizar injustamente a las mujeres de la continuidad de la sociedad musulmana, interpretación que tanto para magrebíes como para europeos aún persiste en la actualidad. Esa percepción de que las transformaciones en el estatus femenino implican necesariamente la disolución de la sociedad musulmana, es la que está impidiendo que los cambios que introduce su incorporación al mundo laboral y los cada vez más elevados índices de escolarización, se traduzcan en una transformación legislativa de los diferentes códigos de familia que rigen en estos países (Madjala tunecina, Mudawwana marroquí…): se cree firmemente en ese rol especial que las mujeres juegan en la construcción de la “modernidad” del Estado-nación magrebí postcolonial. Ello significa que su género continúa estando ligado al parentesco siendo legitimado por la propia esfera jurídica árabo-islámica . En cualquier caso, y para terminar, poner de manifiesto la existencia de una doble apropiación del velo, y por extensión del colectivo femenino, por parte de las estructuras políticas magrebíes y por las europeas, muy al margen de las razones por las que éstas lo vistan. Desde el Magreb, las mujeres veladas están siendo instrumentalizadas para dar una apariencia de tradicionalismo a una sociedad que ya ha cambiado. En esa línea tenemos el interesante estudio de M. Kasriel , en un trabajo desarrollado en una comunidad del Atlas beréber marroquí, en el que propone que el vestido y la organización social funcionan como dos sistemas superpuestos, el primero en tanto que visualización del segundo. Desde Europa también se han reapropiado del velo ya que la mujer velada favorece la reafirmación de la supuesta “modernidad” occidental: éstos van a interpretar esta prenda como la manera en que el Islam trata a sus mujeres, recuperando así la propuesta inicial de los exploradores y viajeros según la cual el grado de civilización de las culturas se medía por el trato que deparaba a sus mujeres. Y es que Europa prefiere mantener la opacidad de la realidad cotidiana de este colectivo magrebí hablando de la “cuestión femenina” para no tener que explicar que el velo hoy no sólo es símbolo de encierro sino también de liberación, sobre todo para un sector mayoritario de la población, perteneciente a los estratos más desprotegidos y desfavorecidos de la sociedad, que ha ocupado un espacio público que no les correspondía para trabajar, manifestarse y, en definitiva, hacer oír su voz.

 

 

MUJERES INMIGRANTES MAGREBIES (Asociación Mujeres Mediterraneas)

 I EXPOSICIÓN

Por ser un hecho relativamente reciente y un eje de trabajo también relativamente nuevo en nuestra asociación (a pesar de todas las iniciativas y esfuerzos desarrollados desde 1991) nos parece imprescindible trasmitir al Congreso una información sintética acerca tanto de la situación de las mujeres como de los conocimientos que se han podido sacar del trabajo que se ha llevado con ellas estos últimos cuatro años.

1. Principales elementos que, en materia social y laboral caracterizan la situación de las mujeres inmigrantes magrebíes (marroquíes y argelinas) en España.

1.1: Creciente feminización de la comunidad: el colectivo marroquí residente reagrupa unos 280. 000 personas, de las cuales 30 a 35% son mujeres. En algunas autonomías, esta feminización es mucho más elevada: 48% en Madrid, 38 – 40% en Cataluña…

1.2: La mayoría ha venido en España en el marco de la reagrupación familiar. Pero va creciendo el numero de mujeres que vienen solas; solteras o madres que a menudo dejan a su familia hasta conseguir su traslado. Estos últimos 10 meses se impone una figura de mujeres en condiciones muy precarias: son embarazadas o madres que llevan al último /a hijo/ a. Se detecta, de manera empírica, (visitas domiciliarias) la presencia de una bolsa importante de inmigrantes indocumentadas que gozan durante algunos meses de la hospitalidad de familiares, vecinos, conocidos…

1.2: A pesar de esta diversificación en la proveniencia de las mujeres, algunas urbanas, con estudios segundarios o superiores, la mayoría tiene un nivel educativo bajo, si no son analfabetas, poca experiencia laboral anterior a la migración, ningún conocimiento del idioma ambiente y numerosas son cabezas de familias (viudas, divorciadas, separadas, abandonadas), aquí o /y en el país de origen.

1.3: Según los lugares de residencia, estas mujeres ocupan nichos laborales precisos: servicio doméstico, hostelerilla, empresas de limpieza, manipulación agrícola o pescadora… Se caracterizan por malas retribuciones, insuficientes o inexistentes protección social, condiciones arbitrarias de trabajo (horarios, carga etc) Son en general puestos de trabajo precarios (dificultad para mantener y /o renovar el empleo), atomizados ( trabajador individual, puestos aislados) y sin ninguna presencia y intervención de tipo sindical.

1.4: En estas condiciones el asalariado, el trabajo fuera de casa no es una herramienta de promoción social, tampoco individual: son numerosas las mujeres que a pesar de ello y de varios años de estancia en España no han incrementado si quiera su dominio del castellano. No conlleva concienciación, identificación de las carencias para promocionarse (formación, asociacionismo, redes solidarias y de auto apoyo) y tampoco a cambios en la repartición de responsabilidades y tareas en el ámbito familiar.

1.5: Debido por una parte al impacto negativo de los atentados del 11 de septiembre en EEUU y a la competencia de otros colectivos inmigrantes feminizados que ocupan los “labores tradicionales” (Ecuatorianas, colombianas etc), las magrebíes conocen un rápido deterioro de sus condiciones laborales (acceso denegado y /o bajada de los sueldos) sin ganar por lo tanto en aptitudes individuales y colectivas para defenderse.

2. Principales elementos que, en materia de situación personal y familiar caracterizan la situación de las mujeres inmigrantes magrebíes en España.

2.1: El ámbito familiar está muy marcado por la sobre representación en el conjunto de la inmigración de grupos sociales marcados por sus origines, zonas rurales y barrios particularmente deprimidos. Se puede considerar por ejemplo que en el seno de nuestra inmigración la proporción entre analfabetos/ enseñanza primaria es más alta que en el país de origen. Se añade a ello las propias condiciones en las cuales gran parte del colectivo evoluciona en España (empleos, infra-viviendas, atrofia del estado de bienestar etc) Por lo tanto tenemos que saber, admitir, asumir y afrontar el hecho que se reproduce y produce en el seno de nuestra inmigración unas situaciones globalmente desfavorables a las mujeres y a la evolución harmoniosa del núcleo familiar.

2.2: La poca valoración de la condición femenina a menudo está basada en la ignorancia, en un conservadurismo alimentado también por la sociedad de estancia (racismo, desprecio del musulmán y del magrebí) y en una falta de relación con el Movimiento social y los cambios que los propios países de origen atraviesan.

2.3: A menudo se invoca la “religión y la cultura” para legitimar esta situación, en lugar de realizar el acto de justicia que se debe a las mujeres. La evolución de esta situación representa un elemento clave en la cohesión de las familias inmigrantes, una postura muy importante en la evolución global de la inmigración, un elemento importante en la relación con la sociedad autóctona y que se trata de integrar en la lucha contra el racismo y la xenofobia. Es también un factor particularmente activo en el proceso de crisis de identidad y de relaciones que afectan especialmente a la juventud inmigrante.

2.4: Las familias y singularmente las mujeres no se implican bastante en la defensa de derechos sociales y el funcionamiento de las instituciones que concurran a sus concreciones: escuelas y AMPAS, acceso a la salud, actividades vecinales etc Tampoco las mujeres no muestran real interés para organizarse y en lo mejor de los casos tienen muy a menudo con ATIME una relación que se limita a confiarnos la resolución de sus asuntos y problemas. Muchas de ellas muevan o establecen contactos informales (redes familiares, regiones de origen, vecindarios etc), también utilitaristas y puntuales. Estas redes informales producen algo de solidaridad (acogida temporal, encontrar trabajo, compartir piso, orientar hacia prestaciones sociales…) pero no producen ningún cambio en lo que tiene que ver con el aumento de la combatividad y del nivel de organización de las mujeres.

2.5: Se echan en falta más información, orientación y intervención relacionadas con los derechos familiares de origen. (Mudawana y Código de la familia argelino) Numerosos conflictos nos llegan, así como peticiones de informaciones, aclaraciones etc por parte de servicios sociales, ONG, jueces y prensa.

2.6: Se está haciendo preocupante la puesta en tutela de cada vez más numerosos niños y niñas magrebíes por parte de los Institutos /Instituciones de protección del menor. A menudo se trata de intervenciones justificadas por la precariedad social de sus familias, – en contra de la voluntad de algunas, a su petición pero muchas veces sin que entiendan lo que significa -, por la desestructuración de los núcleos familiares – violencia domestica, mujeres solas con carga familiar, hombres solos que llevan a España parte de su familia, en la mayoría de los casos a sus hijos varones.

2.7: La violencia en el seno de los hogares de los inmigrantes magrebíes existe y abarca un amplio abanico de atentados a la integridad de la personalidad y a la persona física de las mujeres: impedimentos a su desarrollo personal, malos tratos y brutalidades, decisiones arbitrarias en contra de hijas y esposas, así como chantajes amparados en la dependencia económica y jurídica (permiso de residencia) de inmigrantes. Esta violencia doméstica es sintomática de una condición femenina, que el hecho migratorio a menudo ha agravado. Se priva a las mujeres de sus mediadores tradicionales en sus países de origen, la solidaridad familiar y su proximidad (pueblo, barrio, clan,…), las protecciones e indemnizaciones, que pese a sus límites, existen dentro del Derecho Civil Nacional, la Tradición y la Jurisprudencia.

2.8: Tanto la revalorización global de la condición femenina como la prevención y la lucha contra la violencia doméstica pasan necesariamente por el replanteamiento de la situación global de las mujeres, de la percepción que sobre este tema se tiene a su alrededor y la elaboración / difusión de un “contra discurso” que valore a las mujeres y sea adaptado a la ambivalencia de la inmigración (aculturación).

Desde el Área de la mujer y en el contexto hostil y conflictivo abierto por los atentados del 11 de septiembre, “el asunto del pañuelo” etc, hemos intentado guiar nuestras intervenciones por los siguientes criterios:

  El derecho internacional, cuando los Estados Nacionales habían suscrito a Convenciones Internacionales.

  En caso de Convenciones ratificadas con reservas por parte de dichos estados: la identificación de “prioridades” en la defensa de las normas de libertad, igualdad y no discriminación de las mujeres basándonos en el análisis sociológico tanto de las sociedades de origen como del contexto europeo /español.

  La adhesión a las plataformas que promuevan y /o apoyan en los países de origen las asociaciones de mujeres cercanas a ATIME por sus opciones democráticas (Plan Integral de Integración de la Mujer Marroquí al Desarrollo)

Pero se trata de llevar a cabo intervenciones sostenidas en el tiempo y de tipo colectivo, comunitario. Desde nuestra experiencia en la conducta del Programa “SAMIRA de intervención con las mujeres desde el núcleo familiar” nos hemos dado cuenta que al reverse de lo que plantaba este programa – o, mejor dicho, en paralelo a ello – se trata primero de abrir en nuestras comunidades reflexiones y debates sobre estos temas. El cambio en la colectividad implicará posibles cambios en los núcleos familiares. Pensemos que en nuestras propias tradiciones, historias y culturas existen valores y ejemplos que se deben movilizar en contra del desprecio de las mujeres.

II.- ACCIONES.

1. Mayor integración de las dificultades de las mujeres en las actuaciones de ATIME, presentando sistemáticamente a convocatorias programas relacionados con sus problemas.

1.1. Entrar/animar campañas para el cambio del Real Decreto de 1985 relativo al servicio doméstico.

1.1.2.Organizar actividades para la Mujer Inmigrante para el desarrollo de sus capacidades laborales en todos los sectores.

1.1.3. Fomentar la igualdad con respecto a la mujer sobre todo a nivel laboral favoreciendo el acceso al mundo laboral en las mismas condiciones que los hombres.

1.3. Desarrollar programas sanitarios que incluyan cursos formativos sobre accidentes en el hogar, introducción a la ginecología del país de acogida, etc.

2. Reincorporar en nuestras prioridades el fortalecimiento del asociacionismo de base, incluyendo a las mujeres en está consolidación y organización de nuestras bases sociales.

2.1. Apoyarse mucho más sobre las redes informales que existen, identificar y mejorar las capacidades de intervención de las mujeres que lideran dichas agrupaciones esporádicas y informales.

2.2. Buscar también convergencias/ acciones conjuntas con los grupos organizados/ asociaciones de mujeres magrebíes.

3. Mayor grado de feminización de ATIME, en todos sus niveles (órganos y plantilla)

3. (Duplicado) Apoyo masculino a las reivindicaciones femeninas.

3.1. Reunir las condiciones de sensibilización, de trato /comportamiento interno favorables a la incorporación duradera de mujeres magrebíes en nuestra asociación.

3.2. Hacer de la formación interna, tanto profesional como militante, un criterio de funcionamiento de nuestra asociación, de responsabilidad colectiva y de compromiso /promoción.

3.2.1. Organizar seminarios, jornadas para las mujeres inmigrantes para conocer sus derechos y obligaciones.

3.3. Reunir y globalizar todos los conocimientos que hayamos reunido en un estudio sobre la mujer inmigrante magrebí (marroquí, argelina…)

4. Definir nuestras posiciones de principio en lo que tiene que ver con las situaciones concretas, los valores que se ponen adelante cuando se trata de mujeres; y los derechos que deberían ser los suyos.

4.1. Concretamente, en la actualidad, exigir la concreción de los cinco puntos incluidos en el “Plan de Integración de la Mujer al desarrollo” y considerados como prioritarios por parte de las asociaciones democráticas de mujeres marroquíes. Es decir:

En el capítulo “Fortalecer la autoridad jurídica de las mujeres marroquíes”, las siguientes medidas:

  Aumentar la edad de matrimonio de la mujer a 18 años (medida 1)

  Plantear como secundaria la tutoría para el matrimonio “wali” (medida 2)

  Eliminar el repudio y plantear el divorcio judicial (medida 3)

  Suprimir la poligamia excepto en circunstancias especiales valoradas por el juez y con el consentimiento y acuerdo de la primera esposa (medida 4)

  Dar a la mujer la mitad de los bienes adquiridos durante el periodo de matrimonio (medida 9)

  Reconocer las responsabilidades de las mujeres jueces entre las cuales la de presidir un tribunal (medida 13).

5. Intensificar el trabajo con las familias, y no solamente con los individuos, integrando preocupaciones relacionadas con el futuro: superación del fracaso escolar, participación social, evolución de la “segunda generación” etc

5.1. Con campañas de escolarización, difundir la importancia del seguimiento del niño dentro de su formación por los propios padres. Concienciándoles del beneficio de esa formación para la familia en su mejora de status y el futuro del colectivo a largo plazo.

6. Romper, con nuestros propios colectivos, el “estatuí quo” en materia de género que es globalmente el nuestro, es decir la non – intervención frente a la poca consideración y a los malos tratos que afectan a muchas mujeres.

6.1: Traducir y /o difundir los textos de especial relevancia para nuestra inmigración (El Mudawana, el Plan de Integración de las mujeres etc)

6.1.1. Ofrecer asesoramiento a la mujer marroquí en asuntos relacionados con el estado civil de la Mujer “Mudawana”.

6.1.2. Campañas de “buenos tratos” acompañadas de la sensibilización al colectivo masculino inmigrante del sin sentido que supone el maltrato, dejando clara nuestra postura de defensa de la víctima del maltrato en todo momento.

6.2. Entablar relaciones institucionales con las embajadas /consulados tanto marroquí como argelina para mejor responder a los problemas que implican responsabilidades/ dispositivos jurídicos de los países de origen.

6.2.1. Creación de una comisión de Acción Social en cooperación con los Consulados o autoridades competentes dónde casos concretos de mujeres inmigrantes sean tratados multidisciplinariamente, con citas mensuales, dónde se analice y resuelva de la manera más favorable el problema o gestión administrativa planteada.

6.3. Mediante convenio bilateral sin restricción reconocer cómo válidas las decisiones de las justicias de los estados en materia de derecho civil.

7. Producir nuestro propio discurso de género y desarrollar una estrategia de comunicación adaptada a los diversos públicos
  interna, con nuestros colectivos, sin chocar pero tampoco complacer;
  con las redes sociales españolas, las asociaciones y los sindicatos que nos pueden apoyar como ATIME (iniciativas para dar contenidos al genérico “mujeres inmigrantes magrebíes”);
  con la “opinión publica española” y en contra de sus estereotipos.

7.1. Organizar un Congreso de la Mujer, en el que se puedan reconciliar el discurso femenino occidental y el discurso femenino magrebí, estableciendo un diálogo que favorezca la intercomprensión.

7.1.2. Jornadas de ENCUENTRO de MUJERES INMIGRANTES: Dar a conocer qué problemas tiene, cómo llegan, etc. fomentando su participación social, intercambio de experiencias, etc. promovidas desde ATIME siendo ésta la organizadora o en colaboración con otras entidades implicadas con la mujer.

8. Estrechar las relaciones y intercambios con el Movimiento social y femenino democrático en los países de origen.

8.1. Acercar a la mujer inmigrante al entorno dónde ha sido acogida y a la vez, que no pierda el interés por conocer los avances y conquistas de sus compañeras en su país de origen (a través de prensa, T.V. libros, etc.)

9. Incluir representaciones de la inmigración en los consejos, comisiones, etc. que en los países de origen tratan del porvenir de las mujeres, familias y sociedades.