LAS MUJERES EN MAGREB

INTRODUCCION

Cuando en Occidente se habla de la discriminación de las mujeres magrebíes (y musulmanas en general) se da por sentado que su religión es el origen de sus males. En realidad, a poco que se indague en su historia y libros sagrados, hallamos que en contra de lo supuesto, la religión musulmana no es en sí misma discriminatoria de la mujer.

En cambio, las prácticas discriminatorias que sí se dan en gran parte de los países del mundo árabe (al igual que, bajo formas diferentes ocurre en muchos países occidentales) obedecen más bien a la interpretación interesada de la religión que hace la parte de la sociedad que ha detentado históricamente el poder: los hombres. Así pues, hemos de buscar las causas de esta discriminación en la política de los Estados correspondientes y en la herencia sociocultural patriarcal de sus
sociedades.

En este sentido, en referencia a dos de las prácticas discriminatorias más comúnmente achacadas a la religión musulmana, como son la poligamia y el uso del velo, interesa saber que lo que hace el Corán (máxima fuente de doctrina para la religión musulmana), es recoger dos costumbres ancestrales anteriores al Islam, que eran compartidas en aquella época por numerosos pueblos y religiones. La intención que subyacía en aquel momento en el hecho de recoger estas tradiciones era la de regular estos usos, no la de imponerlos, pero como decimos, la interpretación inmovilista de esta fuente de doctrina religiosa ha sido utilizada históricamente por los hombres para afirmar su superioridad sobre las mujeres y relegar el papel femenino a un segundo plano, circunscribiéndolo al ámbito privado y familiar.

Fruto del análisis superficial que se realiza sobre estas cuestiones, en las sociedades occidentales existen una serie de mitos recurrentes sobre la discriminación de las mujeres magrebíes. Es conveniente identificar y combatir estos errores de análisis, ya que de no hacerlo estaremos errando también el camino en la propuesta de soluciones, victimizando a las concernidas y desperdiciando esfuerzos y argumentos en torno, por ejemplo, a la conveniencia o no de la prohibición del velo, mientras el verdadero origen de las desigualdades en estas sociedades, las estructuras patriarcales subyacentes y las dificultades de acceso de niñas y mujeres a educación, salud y trabajo, continúan inamovibles

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