Assia Djebar

La autora de “Lejos de Medina” ha recibido el Premio de la Paz del 2000, que concede la Asociación de Libreros alemanes, un galardón que honra «su contribución a una nueva toma de conciencia de las mujeres en el mundo árabe» Djebar también destacó el aporte que hicieron los moriscos españoles, tras su expulsión de al península, a la cultura islámica en el Magreb y puso como ejemplo el pueblo cerca de Argel donde vivió.

La escritora argelina Assia Djebar reivindicó el Islam como referencia cultural y religiosa que ahora los fundamentalistas distorsionan y los medios occidentales desvirtúan con estereotipos.

«La visión que se suele dar del Islam es esquemática y parece ser que el desconocimiento aumenta de manera directamente proporcional a la velocidad con que llegan las afirmaciones», afirmó la escritora en tono bastante apasionado.

En su intervención ante la prensa internacional, Assia Djebar recordó a las mujeres que desde 1920 comenzaron a trabajar en favor de los derechos de sus conciudadanas en los países islámicos.

En uno de sus libros más importantes, “Lejos de Medina”, Assia Djebar procura precisamente retornar a las fuentes de la religión musulmana para mostrar que la opresión de la mujer es algo que no está en el origen de la doctrina.

La autora de “Lejos de Medina” ha recibido el Premio de la Paz del 2000, que concede la Asociación de Libreros alemanes, un galardón que honra «su contribución a una nueva toma de conciencia de las mujeres en el mundo árabe» y que han obtenido en ocasiones anteriores personalidades como Jorge Semprún, Martin Walser y Amos Oz.

A la autora le sorprende todavía cómo los medios occidentales son cada vez más ignorantes de la cultura islámica. «Siempre comienzan preguntándome qué me parece el chador y no distinguen entre la utilización política de las tradiciones y el sentido de las propias costumbres».

«Son los países enriquecidos con el petróleo los que han fomentado la segregación de las mujeres en el mundo islámico, y no el Islam el que en su seno margine a la mujer», prosiguió su explicación.

«Lo que quiero mostrar es que en las fuentes del Islam hay una idea de la dignidad de la mujer que después de perdió», aseguró la escritora argelina.

El apodo literario de esta escritora argelina juega con las palabras en árabe salvadora e irreconciliable, por su voluntad de aunar la condición femenina con una reivindicación del espíritu más puro del Islam.

El fundamentalismo

Según la autora de La sed y los impacientes, otra idea muy arraigada en Occidente es que el fundamentalismo argelino cobró vigor en los años 80 y 90 gracias al apoyo en el campo, cuando en realidad fueron los estudiantes universitarios en lengua árabe quienes sirvieron como caldo de cultivo del integrismo más radical.

La falta de contacto con otras lenguas y otras culturas, según Djebar, ha sido un campo fértil para el fundamentalismo que, dice, «no florece sólo en las zonas pobres sino también en las universidades».

En sus obras, la escritora ha tratado de combatir esa imagen y, a la vez, de hacer frente al fundamentalismo musulmán desde el interior de la tradición islámica.

«La violencia subterránea comenzó a aflorar poco a poco en Argelia hasta que se me hizo insoportable seguir viviendo en mi país», dijo la novelista, que ha escrito toda su obra en francés.

Con residencia fija en París, Assia Djebar pasó mucho tiempo a caballo entre Argelia y Francia hasta que finalmente optó por dejar sus reivindicaciones reducidas al espacio de su obra.

Djebar, nacida en 1936, sólo volvió a Argelia tras la muerte de su padre, quien gracias a su empeño por que su hija siguiera estudiando le facilitó el camino de la libertad. Fue la primera mujer argelina admitida en la Escuela Normal Superior de París.

Aporte de los moriscos españoles al Islam

Djebar también destacó el aporte que hicieron los moriscos españoles, tras su expulsión de al península, a la cultura islámica en el Magreb y puso como ejemplo el pueblo cerca de Argel donde vivió.

«Muchos moriscos expulsados de España se refugiaron en mi pueblo y aportaron su música y su cultura muy refinada. Me siento muy orgullosa de haber heredado esa cultura antigua», señaló Djebar, para quien esa cultura se prolongó a través de los siglos y de ella participaron también muchas mujeres que, sin embargo, en la época colonial eran consideradas analfabetas por no hablar francés. «Muchas mujeres escribían poesía en árabe clásico o hacían música pero sin embargo eran vistas como analfabetas por no hablar francés», aseguró.

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