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La problematización de las mujeres magrebíes desde Europa: ¿La cuestión femenina? Yolanda Aixelà Conservadora del Museu Etnològic de Barcelona

Es ya habitual que al abordar la realidad cotidiana de las mujeres magrebíes musulmanas, muchos especialistas, pero también buena parte de los medios de comunicación e incluso estructuras políticas europeas, resuman su situación bajo el título “la cuestión femenina”. Siempre que a Occidente no le interesa explicar la situación de ciertos colectivos sociales contextualizada en un espacio y período histórico concreto, utiliza el término “cuestión” como reflejo de una realidad que debe permanecer opaca. Buenos ejemplos son también “la cuestión del Sahara” o “la cuestión Palestina”. El enunciado “la cuestión femenina” enunciada en el mundo árabe mediterráneo se remonta a los primeros viajeros-exploradores del siglo XVIII si bien que tuvo una categorización concreta entre los agentes coloniales que Francia envió a Argelia a finales del siglo XIX y que formaban parte de la escuela de la Sociología Jurídica Francesa. De la última, investigadores como C. Sabatier (1883) y M. E. Mercier (1895), e incluso, algo más tarde, como M. Morand (1910) utilizarían un tono de denuncia para explicar la situación de la mujer argelina, proponiendo como solución para su mejora la asimilación del modelo francés. Para ellos, las mujeres eran el “facteur de retard” de Argelia. Estos autores son los que defendieron que el grado de civilización de las culturas podía medirse por el trato que éstas deparaban a sus mujeres. Esta perspectiva evolucionista, profundamente engañosa, fue la que las propias potencias coloniales harían suya para intervenir en las sociedades magrebíes. A los europeos ni les interesaba entonces, ni ahora, que las mujeres magrebíes sufrieran menos maltratos maritales que las europeas y que tuvieran derechos que para algunas de estas europeas eran para la época impensables (derecho a herencia, derecho a dote, derecho a independencia patrimonial, derecho a ser mantenidas, etc.). A Europa sólo le interesaba destacar que, puesto que las mujeres magrebíes utilizaban el velo, ése era el símbolo de un encierro sometido desde las estructuras patriarcales magrebíes: que debiesen vestir esa prenda era el factor inequívoco de que en las sociedades árabo-musulmanas (los bereberes, claro, ni se mencionaban) las mujeres estaban sometidas y subordinadas a los hombres. Es más, para Occidente, ésa era la prueba de que se trataba de sociedades “atrasadas”, atraso en el que el Islam jugaba un papel determinante. Ahora bien ¿en qué momento histórico las mujeres magrebíes pasan a ser el eje que puede transformar las sociedades musulmanas? ¿Por qué siempre se visualiza la “modernidad” de estos países a través de una fotografía de una mujer velada o desvelada? ¿Hasta cuándo prevalece esa perspectiva que culpabiliza al Islam? La percepción, tanto propia como ajena, de que la especificidad y continuidad de la pureza del Islam descansaba en su colectivo femenino, toma fuerza en las primeras décadas del siglo XX, momento en que los colonizadores siguiendo la máxima de algunos de sus agentes, inician, sobre todo en Argelia, una serie de políticas que van a tener como objetivo beneficiar a las mujeres y soliviantarlas contra el orden establecido. F. Fanon nos relata esta realidad con suma exactitud: “primero se intenta el abordaje de las mujeres indigentes y hambrientas. A cada kilo de sémola distribuida, se añade una dosis de indignación contra el velo y el encierro. A la indignación siguen los consejos prácticos. Se invita a las mujeres argelinas a jugar “un papel fundamental, capital” en la transformación de su destino. Se las incita a rechazar una sujeción secular y se describe el papel inmenso que están llamadas a desempeñar. La administración colonial invierte sumas importantes en este combate” . Para entonces, las propias sociedades ocupadas habían decidido también hacer prevalecer su especificidad a través del uso del velo: era cierto que los hombres habían sido derrotados, pero las mujeres resistirían. Fanon añade al respecto “a la ofensiva colonialista sobre el velo, el colonizado opone el culto al velo. Lo que era un elemento indiferenciado en un conjunto homogeneo, adquiere un caracter de tabú; la actitud de las argelinas frente al velo se interpreta como una actitud global frente a la ocupación del extranjero” . De esta manera, las mujeres pasan a ser el centro de las miradas no sólo de europeos, sino también de magrebíes. Al tiempo que los propios colonizadores intentaban a toda costa desvelar a las mujeres, los magrebíes enarbolan a sus mujeres como las verdaderas guardianas de la identidad colectiva. Es en este preciso momento cuando se deposita sobre ellas la responsabilidad de salvaguardar la especificidad de las culturas musulmanas. Como bien relata J. Berque ellas representaban “una tropa de reserva de la nacionalidad” , pensamiento que defenderían los propios nacionalistas como el marroquí Allal al-Fasi y que sería posteriormente recuperado por los movimientos islamistas radicales y también por los feminismos islamizantes. Se acababa de responsabilizar injustamente a las mujeres de la continuidad de la sociedad musulmana, interpretación que tanto para magrebíes como para europeos aún persiste en la actualidad. Esa percepción de que las transformaciones en el estatus femenino implican necesariamente la disolución de la sociedad musulmana, es la que está impidiendo que los cambios que introduce su incorporación al mundo laboral y los cada vez más elevados índices de escolarización, se traduzcan en una transformación legislativa de los diferentes códigos de familia que rigen en estos países (Madjala tunecina, Mudawwana marroquí…): se cree firmemente en ese rol especial que las mujeres juegan en la construcción de la “modernidad” del Estado-nación magrebí postcolonial. Ello significa que su género continúa estando ligado al parentesco siendo legitimado por la propia esfera jurídica árabo-islámica . En cualquier caso, y para terminar, poner de manifiesto la existencia de una doble apropiación del velo, y por extensión del colectivo femenino, por parte de las estructuras políticas magrebíes y por las europeas, muy al margen de las razones por las que éstas lo vistan. Desde el Magreb, las mujeres veladas están siendo instrumentalizadas para dar una apariencia de tradicionalismo a una sociedad que ya ha cambiado. En esa línea tenemos el interesante estudio de M. Kasriel , en un trabajo desarrollado en una comunidad del Atlas beréber marroquí, en el que propone que el vestido y la organización social funcionan como dos sistemas superpuestos, el primero en tanto que visualización del segundo. Desde Europa también se han reapropiado del velo ya que la mujer velada favorece la reafirmación de la supuesta “modernidad” occidental: éstos van a interpretar esta prenda como la manera en que el Islam trata a sus mujeres, recuperando así la propuesta inicial de los exploradores y viajeros según la cual el grado de civilización de las culturas se medía por el trato que deparaba a sus mujeres. Y es que Europa prefiere mantener la opacidad de la realidad cotidiana de este colectivo magrebí hablando de la “cuestión femenina” para no tener que explicar que el velo hoy no sólo es símbolo de encierro sino también de liberación, sobre todo para un sector mayoritario de la población, perteneciente a los estratos más desprotegidos y desfavorecidos de la sociedad, que ha ocupado un espacio público que no les correspondía para trabajar, manifestarse y, en definitiva, hacer oír su voz.

Fuente: http://revista.mugak.eu/articulos/show/58

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LA PROBLEMATIZACIÓN DE LAS MUJERES MAGREBÍES DESDE EUROPA: ¿LA CUESTIÓN FEMENINA? Yolanda Aixelà Conservadora del Museu Etnològic de Barcelona

Es ya habitual que al abordar la realidad cotidiana de las mujeres magrebíes musulmanas, muchos especialistas, pero también buena parte de los medios de comunicación e incluso estructuras políticas europeas, resuman su situación bajo el título “la cuestión femenina”. Siempre que a Occidente no le interesa explicar la situación de ciertos colectivos sociales contextualizada en un espacio y período histórico concreto, utiliza el término “cuestión” como reflejo de una realidad que debe permanecer opaca. Buenos ejemplos son también “la cuestión del Sahara” o “la cuestión Palestina”. El enunciado “la cuestión femenina” enunciada en el mundo árabe mediterráneo se remonta a los primeros viajeros-exploradores del siglo XVIII si bien que tuvo una categorización concreta entre los agentes coloniales que Francia envió a Argelia a finales del siglo XIX y que formaban parte de la escuela de la Sociología Jurídica Francesa. De la última, investigadores como C. Sabatier (1883) y M. E. Mercier (1895), e incluso, algo más tarde, como M. Morand (1910) utilizarían un tono de denuncia para explicar la situación de la mujer argelina, proponiendo como solución para su mejora la asimilación del modelo francés. Para ellos, las mujeres eran el “facteur de retard” de Argelia. Estos autores son los que defendieron que el grado de civilización de las culturas podía medirse por el trato que éstas deparaban a sus mujeres. Esta perspectiva evolucionista, profundamente engañosa, fue la que las propias potencias coloniales harían suya para intervenir en las sociedades magrebíes. A los europeos ni les interesaba entonces, ni ahora, que las mujeres magrebíes sufrieran menos maltratos maritales que las europeas y que tuvieran derechos que para algunas de estas europeas eran para la época impensables (derecho a herencia, derecho a dote, derecho a independencia patrimonial, derecho a ser mantenidas, etc.). A Europa sólo le interesaba destacar que, puesto que las mujeres magrebíes utilizaban el velo, ése era el símbolo de un encierro sometido desde las estructuras patriarcales magrebíes: que debiesen vestir esa prenda era el factor inequívoco de que en las sociedades árabo-musulmanas (los bereberes, claro, ni se mencionaban) las mujeres estaban sometidas y subordinadas a los hombres. Es más, para Occidente, ésa era la prueba de que se trataba de sociedades “atrasadas”, atraso en el que el Islam jugaba un papel determinante. Ahora bien ¿en qué momento histórico las mujeres magrebíes pasan a ser el eje que puede transformar las sociedades musulmanas? ¿Por qué siempre se visualiza la “modernidad” de estos países a través de una fotografía de una mujer velada o desvelada? ¿Hasta cuándo prevalece esa perspectiva que culpabiliza al Islam? La percepción, tanto propia como ajena, de que la especificidad y continuidad de la pureza del Islam descansaba en su colectivo femenino, toma fuerza en las primeras décadas del siglo XX, momento en que los colonizadores siguiendo la máxima de algunos de sus agentes, inician, sobre todo en Argelia, una serie de políticas que van a tener como objetivo beneficiar a las mujeres y soliviantarlas contra el orden establecido. F. Fanon nos relata esta realidad con suma exactitud: “primero se intenta el abordaje de las mujeres indigentes y hambrientas. A cada kilo de sémola distribuida, se añade una dosis de indignación contra el velo y el encierro. A la indignación siguen los consejos prácticos. Se invita a las mujeres argelinas a jugar “un papel fundamental, capital” en la transformación de su destino. Se las incita a rechazar una sujeción secular y se describe el papel inmenso que están llamadas a desempeñar. La administración colonial invierte sumas importantes en este combate” . Para entonces, las propias sociedades ocupadas habían decidido también hacer prevalecer su especificidad a través del uso del velo: era cierto que los hombres habían sido derrotados, pero las mujeres resistirían. Fanon añade al respecto “a la ofensiva colonialista sobre el velo, el colonizado opone el culto al velo. Lo que era un elemento indiferenciado en un conjunto homogeneo, adquiere un caracter de tabú; la actitud de las argelinas frente al velo se interpreta como una actitud global frente a la ocupación del extranjero” . De esta manera, las mujeres pasan a ser el centro de las miradas no sólo de europeos, sino también de magrebíes. Al tiempo que los propios colonizadores intentaban a toda costa desvelar a las mujeres, los magrebíes enarbolan a sus mujeres como las verdaderas guardianas de la identidad colectiva. Es en este preciso momento cuando se deposita sobre ellas la responsabilidad de salvaguardar la especificidad de las culturas musulmanas. Como bien relata J. Berque ellas representaban “una tropa de reserva de la nacionalidad” , pensamiento que defenderían los propios nacionalistas como el marroquí Allal al-Fasi y que sería posteriormente recuperado por los movimientos islamistas radicales y también por los feminismos islamizantes. Se acababa de responsabilizar injustamente a las mujeres de la continuidad de la sociedad musulmana, interpretación que tanto para magrebíes como para europeos aún persiste en la actualidad. Esa percepción de que las transformaciones en el estatus femenino implican necesariamente la disolución de la sociedad musulmana, es la que está impidiendo que los cambios que introduce su incorporación al mundo laboral y los cada vez más elevados índices de escolarización, se traduzcan en una transformación legislativa de los diferentes códigos de familia que rigen en estos países (Madjala tunecina, Mudawwana marroquí…): se cree firmemente en ese rol especial que las mujeres juegan en la construcción de la “modernidad” del Estado-nación magrebí postcolonial. Ello significa que su género continúa estando ligado al parentesco siendo legitimado por la propia esfera jurídica árabo-islámica . En cualquier caso, y para terminar, poner de manifiesto la existencia de una doble apropiación del velo, y por extensión del colectivo femenino, por parte de las estructuras políticas magrebíes y por las europeas, muy al margen de las razones por las que éstas lo vistan. Desde el Magreb, las mujeres veladas están siendo instrumentalizadas para dar una apariencia de tradicionalismo a una sociedad que ya ha cambiado. En esa línea tenemos el interesante estudio de M. Kasriel , en un trabajo desarrollado en una comunidad del Atlas beréber marroquí, en el que propone que el vestido y la organización social funcionan como dos sistemas superpuestos, el primero en tanto que visualización del segundo. Desde Europa también se han reapropiado del velo ya que la mujer velada favorece la reafirmación de la supuesta “modernidad” occidental: éstos van a interpretar esta prenda como la manera en que el Islam trata a sus mujeres, recuperando así la propuesta inicial de los exploradores y viajeros según la cual el grado de civilización de las culturas se medía por el trato que deparaba a sus mujeres. Y es que Europa prefiere mantener la opacidad de la realidad cotidiana de este colectivo magrebí hablando de la “cuestión femenina” para no tener que explicar que el velo hoy no sólo es símbolo de encierro sino también de liberación, sobre todo para un sector mayoritario de la población, perteneciente a los estratos más desprotegidos y desfavorecidos de la sociedad, que ha ocupado un espacio público que no les correspondía para trabajar, manifestarse y, en definitiva, hacer oír su voz.

 

 

LA MUJER EN EL MAGREB Rashida Carrom

    Hablar de la situación de la mujer musulmana en general, o de la mujer Tamaçijt (Bereber) en particular, nos sitúa en el resbaladizo terreno de los tópicos. Los seres humanos tenemos una facultad especial, la capacidad paro producir mitos, creer en ellos y hacer que otros lo crean. Por ello, parece prudente someter a análisis crítico toda creencia que tengamos relativa a la situación de la mujer en el Magreb, por extendida que esté, si es que realmente queremos percibir con seriedad y honestidad los verdaderos problemas con los que se enfrenta la mujer en el Norte de África.

        Se suele plantear la cuestión a base de ideas preconcebidas, prejuicios, juicios de valor, obsesiones que ambientan la discusión, incitan a la polémica, pero que en ningún caso enfocan el tema desde una perspectiva amplia. Hay un especial gusto por recurrir a tópicos manidos, a repetir siempre la misma imagen que retrata una sociedad terrible para la mujer, sometida cruelmente a un déspota carente de todo sentimiento. Todo discurso occidental acerca de la mujer magrebí destaca desde el principio este cliché; para justificarlo se citan continuamente los estereotipos que ya tenemos mas que asumidos: el moro es machista, insensible, autoritario, patriarcal, terriblemente celoso e injusto, cruel… a su lado hay una mujer reprimida, invisible, atormentada, siempre a la espera de ser rescatada por Occidente.

Las películas americanas, uno de los elementos mas influyentes en nuestra cotidianidad, lo queramos o no, no han dejado de difundir esta imagen tópica, incluso cayendo en estupideces que sin embargo recogemos sin el menor sentido critico. No hace mucho, en una de esas fantásticas películas, un supuesto príncipe árabe decía a su interlocutor, un diplomático occidental: “… nosotros no tenemos ninguna palabra en árabe para designar a los niños”. Lo dijo y se quedó tan pancho: barbaridades de este tipo abundan hasta la saciedad. En cualquier caso, el estereotipo esta más que asumido por todos nosotros.

 

        Además, el turista que llega a un país del norte de África no encuentra más que corroboración a lo que ya tiene claro: se alarma cuando no descubre mujeres en los bares, discotecas o cines, cuando pasan junto a él misteriosamente envueltas en sus velos… Todo ello le confirma la invisibilidad de las mujeres, su carencia de protagonismo en la sociedad, su marginación mas absoluta Simplemente nuestro turista no se ha dado cuenta de que no esta en Europa. No sospecha que pueda haber mundos distintos al suyo, en el que existan otros valores, mundos con otra historia, con otras prioridades, con otro tipo de relaciones entre los seres humanos.

        Si querernos comenzar a situar la cuestión en su marco tenemos que empezar a tener en cuenta elementos a los que muy pocas veces se aluden. El Magreb empieza a ser ocupada de modo sistemático por los europeos a lo largo de los dos últimos siglos. Argelia primero y después Marruecos y Túnez son colonizados principalmente por Francia y en menor medida por el Estado español. El encuentro entre ambos mundos es traumático: mientras los hombres caían en los frentes de batalla, las mujeres del Magreb veían cómo cambiaba la situación del país. La dominación colonial produce drásticas mutaciones, pero no nos consta que jamás se haya analizado con profundidad la situación a la que condenó el colonialismo a la mujer.

        La mujer magrebí se asomó al mundo occidental como prostituta o criada. En las ciudades dominadas por las fuerzas de ocupación, las autoridades militares francesas y españolas, a la vez que reclutaban campesinos para los ejércitos regulares, compraban los servicios de mujeres a las que la guerra había desprotegido totalmente: viudas, huérfanas, mujeres de condición muy humilde, las que carecían de recursos, pasaron a formar parte de una servidumbre que hacía mas soportable la vida a los aguerridos legionarios extranjeros. Son esas las primeras experiencias occidentales de la mujer magrebí. La humillación engendró un intenso complejo de inferioridad.

 

        La arrogancia con la que se presenta el extranjero en las tierras del Magreb, la fuerza de sus armas, su magnifica organización jerárquica, su política sibilina del “divide y vencerás” quebró del todo las estructuras tradicionales, la economía basada en el intercambio, el sistema educativo articulado en torno a la descentralización más absoluta, dislocó el sistema político tribal que garantizaba la independencia de los individuos dentro del marco autónomo de su geografía.

 

        Todo esto lo desmontó el colonialismo, sometiendo a la población indígena a una administración fuertemente centralizada, a una aculturización basada en la admiración incondicionada de la civilización occidental, en la que se marginaban la historia y los valores del pueblo sometido.

 

        Conforme las estructuras coloniales se iban consolidando y de la situación de guerra se pasaba a la explotación organizada de los territorios ocupados, iban apareciendo planes de desarrollo que se inspiraban exclusivamente en modelos occidentales y que ofrecían a la opinión pública de sus metrópolis la justificación de sus atropellos bajo el disfraz de una labor civilizadora.

 

        Todo un cuerpo de intelectuales producirán una literatura que ensalza los logros de la administración semimilitar, semicivil de los países del Magreb.

 

Se acude a los mitos, se pasa del término Colonia al de Protectorado para subrayar el carácter civilizador de la dominación. ¿De qué se protege a los magrebíes?: de sí mismos, de su barbarie, de su retraso con respecto al tren europeo, modelo a imitar por el mundo de la incivilización y el paganismo.

 

        Cuando se repasa esa bibliografía colonial, su ingenuidad nos puede hacer sonreír pero son el espejo de una mentalidad que hizo terribles estragos en su momento. En uno de esos informes, ya de época franquista, se describe la promoción cultural de las niñas rifeñas en el marco de las escuelas nacional-católicas del momento. El ideal de mujer rifeña, aunque colonizada, era el mismo que el de las mujeres de la Sección Femenina de la época. Se deseaba estimular en ellas el amor a la familia, la religiosidad, el sometimiento al pater familia, así como se le daban clases de labores y gastronomía.

 

        No podemos pasar por alto lo de la gastronomía: a parte de hacer paellas y gazpachos no se sabe que podían enseñar a las rifeñas, entre las que el arte culinario está mas que desarrollado. Se las uniformaba al modo de las falangistas y se les comunicaba todas las consignas del régimen. Esas pocas mujeres de Tánger, Tetuán, Larache y Alhucemas, que habían gozado del privilegio de acercarse a los aledaños de Occidente, eran el ejemplo que se proponía a las demás que todavía estaban ancladas en prácticas primitivas, que se negaban a amoldarse a los imperativos del momento, culminado en Occidente.

 

        El tiempo ha pasado, las cosas han cambiado, la mentalidad es distinta y el modelo que se propone a los musulmanes es otro. La modernidad es irresistible, pero en el fondo, de lo que se trata es de lo mismo: estamos tan convencidos de nuestros patrones como lo estuvieron en su momento las mujeres de la Sección Femenina. Si la mujer magrebí es invisible, lo es para el mundo occidental. Nos negamos a ver a esa mujer porque simplemente queremos otra. Los verdaderos problemas de la mujer magrebí no nos interesan: sólo nos interesa que esté en los cines, en los bares, que cuide su cuerpo hasta estilizarlo según nuestros patrones de belleza, que vista según la última moda.

 

        No se trata esto de superficialidad en el análisis; al menos así es vivenciado el problema entre las mujeres magrebíes a las que llega el mensaje europeo.

Foro “Mujeres, Oriente Medio y Resistencia Civil” en Bilbao

Hola a todos y todas:

Los próximos 18,19,20 y 22 de mayo se celebrará el FORO “MUJERES, ORIENTE MEDIO Y RESISTENCIA CIVIL” donde a través de documentales y mesas temáticas se mostrarán las realidades de las mujeres en Palestina, Palestina antes del 48, Líbano e Irak.

Contaremos con las mujeres que han realizado los documentales así como otras mujeres con gran conocimiento sobre la realidad expuesta través de las luchas de liberación social más cercanas a la vida diaria, encabezadas y protagonizadas por mujeres en los diversos países que conforman la región.

Tendrá lugar en el Palacio Euskalduna de Bilbao, en la Sala A2, a partir de las 19 horas durante los citados días 18,19,20 y 22 de mayo.

Os adjuntamos el programa. Os esperamos !!

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Kaixo denori

Datorren maiatzaren 18, 19, 20 eta 22ean “EMAKUMEAK, EKIALDE ERTAINA ETA ERRESIZTENTZIA ZIBILA” FOROA egingo da, non mahai tematikoak egongo diren; eta Palestinako, 48aren aurreko Palestinako, Libanoko eta Irakeko emakumeen errealitateak erakutsiko diren.

Dokumentalak egin dituzten emakumeekin kontaktatuko dugu, eta baita ere eguneroko bizitzan askapen sozialerako borrokaren bidez errealitate honen inguruko ezagutza zabala duten beste emakume batzuekin; erregioko herrialdeetan emakumeak buru eta protagonista gisa dituzten borroken bidez, hain zuzen ere.

Bilboko Euskalduna Jauregian izango da, A2 Aretoan, 19etan, aipatutako egunetan: maiatzaren 18, 19, 20 eta 22.

Gure webgunean ikus dezakezue: http://www.biladipalestina.org (Edukiera mugatua aretoa bete arte).

Itxaron zuen zain gaude !!!

Fernando Sancho
Técnico proyectos Biladi
biladi2@euskalnet.net
C/ Ronda 1, 1ºD
48005 Bilbao, Bizkaia

Telef: +34 944049550
Mov: +34 669504899
Skype: biladi.org
http://www.biladipalestina.orgPrograma Mujeres, Oriente Medio

LAS MUJERES EN MAGREB

INTRODUCCION

Cuando en Occidente se habla de la discriminación de las mujeres magrebíes (y musulmanas en general) se da por sentado que su religión es el origen de sus males. En realidad, a poco que se indague en su historia y libros sagrados, hallamos que en contra de lo supuesto, la religión musulmana no es en sí misma discriminatoria de la mujer.

En cambio, las prácticas discriminatorias que sí se dan en gran parte de los países del mundo árabe (al igual que, bajo formas diferentes ocurre en muchos países occidentales) obedecen más bien a la interpretación interesada de la religión que hace la parte de la sociedad que ha detentado históricamente el poder: los hombres. Así pues, hemos de buscar las causas de esta discriminación en la política de los Estados correspondientes y en la herencia sociocultural patriarcal de sus
sociedades.

En este sentido, en referencia a dos de las prácticas discriminatorias más comúnmente achacadas a la religión musulmana, como son la poligamia y el uso del velo, interesa saber que lo que hace el Corán (máxima fuente de doctrina para la religión musulmana), es recoger dos costumbres ancestrales anteriores al Islam, que eran compartidas en aquella época por numerosos pueblos y religiones. La intención que subyacía en aquel momento en el hecho de recoger estas tradiciones era la de regular estos usos, no la de imponerlos, pero como decimos, la interpretación inmovilista de esta fuente de doctrina religiosa ha sido utilizada históricamente por los hombres para afirmar su superioridad sobre las mujeres y relegar el papel femenino a un segundo plano, circunscribiéndolo al ámbito privado y familiar.

Fruto del análisis superficial que se realiza sobre estas cuestiones, en las sociedades occidentales existen una serie de mitos recurrentes sobre la discriminación de las mujeres magrebíes. Es conveniente identificar y combatir estos errores de análisis, ya que de no hacerlo estaremos errando también el camino en la propuesta de soluciones, victimizando a las concernidas y desperdiciando esfuerzos y argumentos en torno, por ejemplo, a la conveniencia o no de la prohibición del velo, mientras el verdadero origen de las desigualdades en estas sociedades, las estructuras patriarcales subyacentes y las dificultades de acceso de niñas y mujeres a educación, salud y trabajo, continúan inamovibles